Roma, 9 de abril de 2009--Nuestras tres Congregaciones (Misioneros del Sagrado Corazón, Hijas de Nuestra Señora del Sagrado Corazón y Misioneras del Sagrado Corazón) aprobamos la declaración siguiente, como una visión común de la formación (inicial y permanente) en nuestra Familia Chevalier. Lo hacemos en colaboración con el equipo de Cor Novum, de suma importancia para los Tres-Generalados en lo que se refiere a la Espiritualidad y de la Formación.
Cada Congregación tiene documentos y programas de formación actualizados. Este documento resalta los elementos comunes dentro de estos programas. Sirve de fundamento para programas nuevos de Cor Novum y para otros programas de formación permanente para miembros de las tres Congregaciones en todo el mundo y para los y las laicos/as que se unen a nosotros.
Estamos convencidos de que nuestra Espiritualidad del Corazón es la fuerza vital que integra todo el proceso de formación en nuestras Congregaciones. Formación significa para nosotros crecimiento en esta Espiritualidad.
1.¿Cómo entendemos la Espiritualidad del Corazón? La Espiritualidad del Corazón es la parte más importante de nuestra herencia, recibida de nuestros fundadores, como Congregaciones Religiosas. Juntamente con nuestro carisma significa un don del Espíritu, que queremos vivir y compartir con la Iglesia.
La Espiritualidad del Corazón es una manera compasiva e integradora de relación con Dios: en nosotros mismos, en nuestros prójimos y en el mundo que nos rodea. Ha sido revelado en el Corazón de Cristo bajo la inspiración del Espíritu Santo.
La Espiritualidad del Corazón debería ser el fundamento de nuestras vidas y de nuestra misión. Es una Espiritualidad Encarnada porque se fundamenta en la Encarnación de Cristo y está enraizada sólidamente en nuestra condición humana, asumida por la Palabra.
Nuestra Espiritualidad del Corazón crece y se desarrolla en nuestro corazón humano, siendo su modelo el Corazón de Jesús. La relación dinámica entre nuestro corazón y el corazón humano de Jesús es su elemento central, una relación madurada por medio de la fidelidad en la oración. Según el Padre Chevalier: tener en nuestro corazón los mismos sentimientos que encontramos en al Corazón de Jesús (Fil. 2,5).
La Espiritualidad del Corazón nos invita a mirar a Jesús, que ama con un corazón humano. Nos muestra que el Reino de Dios comienza en el corazón de la persona humana, es decir, en el núcleo de su vida humana.
Para nosotros, Dios está presente de muchas maneras, pero especialmente por medio del Corazón de Jesús, con todas sus manifestaciones y en el corazón humano. De acuerdo a esta Espiritualidad, amar a Dios, amar a nuestros prójimos y amarnos a nosotros mismos, se vive de forma integral.
2.¿Cómo está se fundamenta nuestro proceso de formación en esta Espiritualidad del Corazón? La formación fundamentada en esta Espiritualidad del Corazón es un proceso integral: se refiere a todas las dimensiones de nuestra vida y misión, a todas nuestras relaciones y todos nuestros servicios misioneros.
La formación humana constituye un elemento esencial dentro de un proceso de formación fundamentado en la Espiritualidad del Corazón. Todo el proceso de formación en todos sus aspectos, debería implicar la aspiración por llegar a ser una persona cada vez más humana, una persona humana más parecida a Cristo, alguien que vive y se relaciona con otros como un ser humano libre y compasivo. La formación fundamentada en la Espiritualidad del Corazón debería apuntar a crear una toma de conciencia de la dimensión vivencial de nuestras vidas, la dimensión de vida que se desenvuelve desde nuestro corazón.
El proceso de formación nos va a ayudar a ver los peligros que implica el identificarnos de una manera enfermiza con el papel que desempeñamos en la vida y en nuestro apostolado (Hermana, Hermano, Padre, profesor, enfermera. etc.) Este papel debería ser integrado en nuestra persona y en nuestra espiritualidad.
Cada proceso de formación debería ayudarnos a bajar a nuestro propio corazón, a conocernos mejor, a comprender más profundamente nuestras necesidades de amor y del sentido de la vida y a aceptar nuestros dones y nuestras limitaciones. La formación fundamentada en la Espiritualidad del Corazón nos lleva a tomar conciencia de la riqueza de los dones de nuestro corazón, como también de sus sentimientos y necesidades. Aquí nos referimos muchas veces a los sentimientos y necesidades de corazones que han sufrido heridas. Al practicar la aceptación, la paciencia y la compasión para con nosotros mismos, aprendemos a aceptar a otros con paciencia y compasión. Esto nos prepara para perdonar a otros y para asumir una auténtica reconciliación en caso de que fuese necesario.
Las reflexiones acerca de nuestra historia de vida pasada y presente deberían formar parte integral de la vivencia de la Espiritualidad del Corazón. La presencia de Dios en el corazón humano, por medio del Espíritu, significa que Dios habla por medio de las experiencias de nuestra historia de vida. El ayudarnos unos a otros a escuchar la manera como Dios nos habla a cada uno de nosotros, es un elemento esencial de la Espiritualidad del Corazón.
La Espiritualidad del Corazón debería llegar a ser la fuerza integradora de todos los elementos diferentes de la formación. Esto llevará a la integración de la totalidad de las diferentes dimensiones de nuestra vida y misión y evitará una manera de llevar a cabo una formación fragmentada.
La Espiritualidad del Corazón también debería ser una fuerza de sanación integral en cuanto a la fragilidad en nuestras vidas personales y la desigualdad del mundo en que vivimos.
3.¿A qué debemos prestar atención especial en el proceso de formación fundamentado en la Espiritualidad del Corazón? Los formadores. Debido a la naturaleza de nuestro carisma y al subrayar la importancia de la dimensión encarnada de nuestra formación, será necesario, que los formadores mismos hayan integrado la dimensión humana auténtica en su formación en general.
Nuestra fragilidad: En nuestros programas de formación encontramos a muchas personas con experiencias propias de vulnerabilidad en sus vidas. Todos vivimos en un mundo dividido y por eso necesitamos ofrecer apoyo en la búsqueda de una integración plena.
Sentimientos. En el servicio para lograr la madurez afectiva, las personas deberían encontrar ayuda en asumir sus sentimientos tales como la ira, sus necesidades sexuales y las frustraciones ordinarias de la convivencia.
Los votos. Los votos son centrales en nuestra vida religiosa como un medio para vivir nuestra Espiritualidad. Ellos reflejan los sentimientos y actitudes del Corazón de Jesús, que queremos hacer nuestros. La comprensión y la integración de la vivencia de los votos en nuestra vida, significa un enfoque importante de la formación.
Las dimensiones misionera e internacional de nuestras Congregaciones. Todos nosotros somos misioneros/as y pertenecemos a Congregaciones internacionales, donde cada día más servicios y las comunidades que los realizan, resultan ser multi-culturales. Esto se debe resaltar en nuestros programas de formación y estos programas deberían preparar a miembros para experiencias misioneras e internacionales. La capacidad de vivir en comunidades pequeñas, internacionales e interculturales, o de trabajar en un equipo con personas de diferentes procedencias, no se debe considerar como sobreentendido. Tal empeño va a requerir siempre una preparación y formación especiales.
Acompañamiento. De suma importancia en cada proceso de formación, como en la formación permanente de todos los miembros, es el acompañamiento regular, la dirección espiritual.Vida
Comunitaria y Compartir. La vida comunitaria debe fundamentarse sobre una Espiritualidad del Corazón como espiritualidad de comunicación de corazón a corazón. Pensamos en una forma de vivir en comunidad donde no solo se incluye el rezar, trabajar y recrearse juntos, sino donde también se anima a compartir experiencias a un nivel más profundo.
Nuestra Señora del Sagrado Corazón. Nuestra Espiritualidad del Corazón tiene una dimensión mariana peculiar, la cual es parte de la herencia espiritual y un don para compartir con otros. Los programas de formación deberían presentar la devoción a Nuestra Señora del Sagrado Corazón a los que están en formación y ayudarles a integrarla en su oración y vida.
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